
Carraca Abisínica (Coracias abyssinicus), un poblador abundante en las sabanas de acacias
Mi visita previa a Senegal me dejó con ganas de más. Me asombró positivamente encontrar un país tan amigable y extraordinariamente diverso, enormemente rico en fauna y muy atractivo para cualquier persona ávida de introducirse en la naturaleza africana.
La República Democrática de Senegal constituye el extremo geográfico occidental del continente africano. Posee un clima tropical subsahariano en la mayor parte de su territorio con un gradiente ascendente de aridez de sur a norte. La franja costera atlántica disfruta de temperaturas moderadamente cálidas durante todo el año debido a la influencia oceánica y el interior del país ostenta la típica biestacionalidad tropical, marcada por una estación de lluvias y otra seca.
En su superficie convergen tres ecosistemas de gran valor: el Sahel, el bosque tropical subhúmedo y los manglares asociados a los humedales de la Costa Atlántica. Este es uno de los mayores atractivos de Senegal, ya que podemos disfrutar del contraste entre diferentes ambientes naturales en una superficie relativamente reducida: llanuras desérticas, humedales, manglar, sabana, bosques de rivera, selvas subhúmedas y zonas agrícolas. Esta diversidad de hábitats se manifiesta en la elevada riqueza de la comunidad de aves.

En mi anterior visita al país se habían quedado unos lugares muy interesantes en el tintero, así que con un nuevo grupo de intrépidos naturalistas (Carlos Torralvo, Gonzalo Gil, Manuel Lobón, Stephen Daly y yo) y con la inestimable ayuda de Abdou, nos lanzamos a la tarea de a sacar el máximo partido a diez días repletos de goce y disfrute en el campo. Para una más fácil digestión repartiré la crónica en tres partes: el Djoudj, Niokolo-Koba y el Saloum.
Parte I: El Djoudj
Ya conocía el sureste y la costa, así que tenía mucho interés en descubrir el norte y particularmente el Parque Nacional del Djoudj, una importante y conocida reserva en la frontera con Mauritania y reposo obligado para miles de aves migratorias en invernantes como el Carricerín Cejudo (Acrocephalus paludícola), que tiene aquí su principal área de invernada en el mundo.

Jacana Africana cerca de la pista que da acceso al Parque Nacional del Djoudj
La salida de Dakar se alarga debido al intenso tráfico, pero una vez fuera de la ciudad el recorrido es cómodo y las carreteras son bastante buenas. Incluso dentro del mismo Dakar pudimos ver nuestros primeros cormoranes (Microcarbo africanus) y anhingas africanas (Anhinga rufa) , alimoches sombríos (Necrosyrtes monachus), Cucal Senegalés (Centropus senegalensis) y un enorme número de milanos egipcios (Milvus aegyptius).

Lappet-faced Vulture (Torgos tracheliotus) to the right and African White-backed Vulture (Gyps africanus) to the left
El camino desde Dakar al Djoudj es largo, pero realizando paradas estratégicas en la sabana de acacias se puede sacar mucho partido a esta travesía: cinco especies de buitres, cálaos o tocos y paseriformes tanto residentes como migrantes, como el Azulito Carirrojo (Uraeginthus benegalus), el Tejedorcito Frontal (Sporopipes frontalis), la Viuda del Sahel (Vidua orientalis) o la Estrilda Melba (Pytilia melba). De esta forma pudimos ver más de 120 especies en un día de carretera que nos sirvió para empezar a familiarizarnos con la fauna y el entorno.
La parada obligada para comer fue en Kebémer, donde probamos el thiebou djen, un plato consistente en arroz con pescado, verduras y una salsa a base de cebolla, tomate y jugo de tamarindo, con un toque picante de pimientos y guindilla. Una firme promesa de la buena comida que íbamos a disfrutar en Senegal, sencilla y muy sabrosa.
Durante el transcurso de la tarde cruzamos la ciudad de Saint-Louis, cerca de la desembocadura del Río Senegal, donde encontramos los primeros cuerpos de agua con importantes números de acuáticas, sobre todo de Garceta Grande (Ardea alba), Intermedia (Egretta intermedia), Común (Egretta garzetta), Dimorfa (Egretta gularis) y garcillas cangrejeras (Ardeola ralloides).
Al acercarnos a la reserva del Djoudj el ambiente se torna más desértico, con grandes concentraciones de fauna alrededor del río y balsas de agua acumulada en la estación de lluvias. En una breve parada vimos Alcaraván Senegalés (Burhinus senegalensis), Correlimos de Temminck (Calidris temminckii), Correlimos Menudo (Calidris minuta), la impresionante Carraca Abisínica (Coracias abyssinica) y los peculiares picabueyes (Buphagus africanus), siempre acompañando al ganado y haciéndose cargo de sus parásitos.

“¡Dejadme tranquilo!”
Una vez asentados a las puertas del parque empleamos un par de días en explorar sus alrededores. Nos despertamos con el canto del Pigargo Vocinglero (Haliaeetus vocifer) en el hotel, cuyos alrededores proveen cobijo y comida para un buen número de paseriformes, como zarceros pálidos (Iduna opaca), currucas carrasqueña (Sylvia cantillans) y zarcerilla (Sylvia curruca) y colonias de tejedores y estorninos.
No vimos cejudos en el Djoudj, pero si algunas nuevas especies para todos, como el Bengalí Cebra (Amandava subflava) o el Gansito Africano (Nettapus auritus), así como otras más comunes pero en números impresionantes y que constituyen el atractivo turístico más importante de la región: enormes colonia de Pelícano Común (Pelecanus onocrotalus) y grandes concentraciones de Suiriri Cariblanco (Dendrocygna viduata), Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo) y Anhinga Africana.

Bengalí Cebra (Amandava subflava)

Gansito Africano (Nettapus auritus)

Pelícano Común (Pelecanus onocrotalus)

Cormorán Grande de la subespecie Marocanus
El camino al gran lago, una llanura semidesértica con acacias esparcidas, nos depara algunas nuevas sorpresas como el Chorlitejo Pecuario (Charadrius pecuarius), la Alondra del Kordofán (Mirafra cordofanica), la Terrera Orejiblanca (Eremopterix leucotis) o el Aguilucho Papialbo (Circus macrourus) entre otras. Una vez en el Grand Lac, dejamos al Sol arrastrarse mientras contemplamos enormes bandos de suiriris y buenos números de Grulla Coronada Cuellinegra (Balearica pavonina), Espátula Europea y Tántalo Africano.

Chorlitejo Pecuario (Charadrius pecuarius)
En nuestro último día en el norte visitamos Richard Toll, una ciudad dedicada a la producción e industria del azúcar, donde vimos un Chacal Dorado (Canis aureus) y el primero de muchos Mono Patas (Erythrocebus patas), para partir después rumbo al sur hasta deparar en la Langue de Barbarie (Lengua de Berbería, que hace referencia a una larga península arenosa en la costa cerca de Saint-Louis). Aunque no vimos muchas especies nuevas aquí y tal vez al observador de aves estricto no le pueda interesar la visita, es un auténtico espectáculo ver salir cientos de barcas pesqueras al atardecer. Estas embarcaciones tradicionales, pintadas en llamativos colores, desfilan ante la mirada de una multitud de niños que juegan con pequeños botes de chapa, simulando aquellas que parten a la mar.

Barcas saliendo al mar desde la Langue de Barberie
Un último atardecer sobre la Lengua Bereber y un Águila Pescadora (Pandion haliaetus) son la despedida perfecta para el árido pero suculento norte de Senegal. En breve tomaremos la larga carretera que conduce hasta la orilla del Río Gambia. Sabiendo lo que nos depara, no veo el momento de volver a Wassadou y Niokolo-Koba.